
La perversa mecánica del exterminio nazi: "Vivíamos con la muerte. ¿Cómo podía sentirse uno humano?"
Durante la Segunda Guerra Mundial fue un crío huérfano cuya madre había sido asesinada por los nazis. Un miembro de las SA lo eligió como esclavo para su granja. "Lo tenía en un barrac...
Durante la Segunda Guerra Mundial fue un crío huérfano cuya madre había sido asesinada por los nazis. Un miembro de las SA lo eligió como esclavo para su granja. "Lo tenía en un barracón con animales y cada mañana le obligaba al mismo ritual: debía quedarse quieto sin llorar mientras dos pastores alemanes le mordían la entrepierna bajo la amenaza de devolverlo al campo de concentración. Un día, uno de los perros no le mordió y cuando volvió de trabajar lo encontró abierto en canal porque, le dijo el SA, no había mordido a un judío’", explica Xabier Irujo, catedrático de estudios de genocidio en la Universidad de Nevada, en Reno, sobre lo que le contó este superviviente del Holocausto, quien, acto seguido, empezó a llorar. "Entrevistado y entrevistador siempre acabamos llorando", se sincera el historiador vasco sobre los testimonios orales de víctimas del Holocausto que lleva 20 años recabando para documentar La mecánica del exterminio’ (Crítica), un ensayo que ilumina "la dimensión y el horror" del perverso engranaje genocida del nazismo, orquestado por el Reichsführer de las SS, Heinrich Himmler. Un libro que profundiza en los procedimientos de asesinato sistemático del Tercer Reich que acabaron con 17 millones de personas entre 1933 y 1945: una media de 3.800 al día, aunque en los últimos años, los más letales, se llegó a 12.000 muertos diarios. Seis millones eran judíos; otros seis, presos soviéticos.